Hay una pregunta que debe plantearse todo aquél que así lo desee. ¿Estar solo significa ser solitario? La respuesta puede ser tan satisfactoria como perturbadora.
La verdad es desconocida pero lo más cercano a ella es que hay que estar solo para ser solitario. Por otra parte el estar solo no implica ser solitario.
Recientemente, mis parientes encuéntranse disfrutando de las maravillas del mundo en lugares diferentes desde el ecuador. Con mi hermana en el norte y mis padres en el sur, por fin me he de dar el lujo de estar solo. Aunque no es siempre un lujo, las responsabilidades delegadas de forma súbita le restan diversión a la soledad. Practicamente le restan las ganas as uno de estar solo y le incrementan las de viajar a otro lado, sentimiento que no había aflorado hasta mi primera noche de soledad.
Cierto es que la costumbre es una seria limitante de la libertad. Mientras, en teoría, podría festejar todos los días como un adolescente desesperado por libertinaje cuando la autoridad desaparece la realidad es otra. Poco sabe mi madre lo que acaba de cometer con su pequeño viaje a suramérica; me ha implantado esa necesidad por responsabilizzarme de algo que no es mío siquiera: la casa que me alberga.
Madrugar para alimetar a los perros, fungir como jefe de la mucama, estar pendiente del órden en el hogar... todo eso es fastidioso en diferentes grados. En realidad, no es tan molesto cumplir dichas tareas pero.. ¿madrugar? Esa sí ha sido una orden que, en tan corto tiempo, me ha matado. No es funesta la función del madrugar, los perros deben ser alimentados pero esos animales ingratos se han convertido, de repente, en la carga que fui alguna vez para mi madre; ahora no puedo salir por el simple hecho de no haber alimentado a los perros. Nuevamente, mi progenitoria, con pleno desconocimiento, me ha hecho ver la ironía de la vida en tan solo dos días (tarea que trató de cumplir en 20 años...).
Uno de los aspectos de la soledad que más atención mía ha captado es el pasar la noche total y absolutamente solo. No logro pasar un sólo día en compañía nada más que la propia y ya no me soporto. Trato de distraerme para no inmiscuirme en tantos pensamientos que nadie reprime. En tres noches caigo en cuenta de lo extraño que uno realmente es. No culpo a la mayoría de profetas por haber hablado o creído hablar con Dios. Tanto tiempo en soledad bajo las olas de calor deben generar efectos indescriptibles.
Nsaturalmente, el humano no logra escapar de su naturaleza social. Claro que la habilidad para actuar bajo sus normas es un asunto discutible. Habrá ya alguna ocasión en la que mis palabras sirvan de ejemplo de este último concepto mas el sueño es poderoso y mi cuerpo pide descanso. Si no cedo ante dicha necesidad podría estar cediendo a la locura.
24 mar 2010
14 mar 2010
Sobre el debate
Varios años han pasado desde que el ser humano ha hecho del raciocinio su herramienta principal para la supervivencia. Ya ha pasado cierto tiempo desde que hemos comenzado a utilizar el lenguaje verbal como la mejor y más efectiva manera de comunicarnos entre sí. Pero, como en todo, los seres humOnos todavía carecemos de perfección... de hecho estamos muy lejos de ella.
En teoría, la comunicación verbal facilitaría el entendimiento y comprensión del mensaje del otro (la comprensión por parte del receptor sobre el mensaje del emisor). Una vez más, la teoría no falla. El uso de la razón pareciera llevar al desorden y a la guerra innecesaria entre contrapartes. Ejemplifico el fenómeno con la siguiente situación observada. Durante el período de elecciones presidenciales de algún país (de obvia tendencia democrática), se hace espacio para demostrar al público la validez de los argumentos de los candidatos. Cada candidato expone su punto de vista sobre la forma en que se debe ejercer la política del país. Cada candidato tiene su espacio de tiempo en el que debe responder, luego espera a que los demás candidatos expongan hasta que, al final hacen conocer sus reflexiones sobre los argumentos de sus oponentes. Esto se da con la finalidad de un ambiente de argumentos emitidos de forma ordenada. Dichos argumentos tienden, en la utópica forma de llevar a cabo dicha situación, a la convergencia de ideas que conlleven a acuerdos y dejen claros los desacuerdos. Pues bien, la dinámica del debate es otra. En primer lugar, el primer aspirante a la presidencia emite su respuesta ante las preguntas de los jueces, tribunal o quien dirija el debate. Después de haber escupido los chorros de líneas aprendidas cierran sus ojos y oídos y se dan la libertad de juzgar a alugno de sus componentes vehementemente mientras quien lidere la situación trata de retomar el orden. Posterior a esto, el representante político a quien le son emitidas las críticas hostiles se defiende sin esperar su propio turno para contestar. Si, el director de orquesta de tal sinfonía atónica retoma el control, se lanza la pregunta al siguiente "concursante" para repetir la misma dinámica. Esto lleva a la confusión de ideas tanto de los candidatos como del pueblo. La única herramienta utilizada por los primeros es el repetir el mismo exacto discurso que ya habían recitado en las propagandas televisivas.
Bien podría decirse que tal circunstancia se da solamente con cuestiones que conciernen a la seria política de cualquier gobierno, pero no por eso se ha de negar que cuarquier discusión se lleva a cabo bajo la misma dinámica. Todos quieren ser poseedores de la razón, pero pierden la razón al intentar mantenerla.
La misma comedia se aplica en la vida cotidiana entre las familias, dentro de las aulas universitarias, en los tribunales y hasta en organizaciones de caracter internacional. Surge el cuestionamiento de si es de lograrse que el hombre alcance su punto máximo en lo que respecta al ámbito cultural: la respuesta es debatible. El argumento verosímil no siempre (hasta me atrevería a decir que es esacasa la ocasión..) es veraz. No queda más que resignarse y esperar vanamente que la inteligencia de los que asumen lo verosímil como lo real no acabe con nuestro espíritu en búsqueda de la razón.
En teoría, la comunicación verbal facilitaría el entendimiento y comprensión del mensaje del otro (la comprensión por parte del receptor sobre el mensaje del emisor). Una vez más, la teoría no falla. El uso de la razón pareciera llevar al desorden y a la guerra innecesaria entre contrapartes. Ejemplifico el fenómeno con la siguiente situación observada. Durante el período de elecciones presidenciales de algún país (de obvia tendencia democrática), se hace espacio para demostrar al público la validez de los argumentos de los candidatos. Cada candidato expone su punto de vista sobre la forma en que se debe ejercer la política del país. Cada candidato tiene su espacio de tiempo en el que debe responder, luego espera a que los demás candidatos expongan hasta que, al final hacen conocer sus reflexiones sobre los argumentos de sus oponentes. Esto se da con la finalidad de un ambiente de argumentos emitidos de forma ordenada. Dichos argumentos tienden, en la utópica forma de llevar a cabo dicha situación, a la convergencia de ideas que conlleven a acuerdos y dejen claros los desacuerdos. Pues bien, la dinámica del debate es otra. En primer lugar, el primer aspirante a la presidencia emite su respuesta ante las preguntas de los jueces, tribunal o quien dirija el debate. Después de haber escupido los chorros de líneas aprendidas cierran sus ojos y oídos y se dan la libertad de juzgar a alugno de sus componentes vehementemente mientras quien lidere la situación trata de retomar el orden. Posterior a esto, el representante político a quien le son emitidas las críticas hostiles se defiende sin esperar su propio turno para contestar. Si, el director de orquesta de tal sinfonía atónica retoma el control, se lanza la pregunta al siguiente "concursante" para repetir la misma dinámica. Esto lleva a la confusión de ideas tanto de los candidatos como del pueblo. La única herramienta utilizada por los primeros es el repetir el mismo exacto discurso que ya habían recitado en las propagandas televisivas.
Bien podría decirse que tal circunstancia se da solamente con cuestiones que conciernen a la seria política de cualquier gobierno, pero no por eso se ha de negar que cuarquier discusión se lleva a cabo bajo la misma dinámica. Todos quieren ser poseedores de la razón, pero pierden la razón al intentar mantenerla.
La misma comedia se aplica en la vida cotidiana entre las familias, dentro de las aulas universitarias, en los tribunales y hasta en organizaciones de caracter internacional. Surge el cuestionamiento de si es de lograrse que el hombre alcance su punto máximo en lo que respecta al ámbito cultural: la respuesta es debatible. El argumento verosímil no siempre (hasta me atrevería a decir que es esacasa la ocasión..) es veraz. No queda más que resignarse y esperar vanamente que la inteligencia de los que asumen lo verosímil como lo real no acabe con nuestro espíritu en búsqueda de la razón.
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