24 mar 2010

Solo solo

Hay una pregunta que debe plantearse todo aquél que así lo desee. ¿Estar solo significa ser solitario? La respuesta puede ser tan satisfactoria como perturbadora.

La verdad es desconocida pero lo más cercano a ella es que hay que estar solo para ser solitario. Por otra parte el estar solo no implica ser solitario.
Recientemente, mis parientes encuéntranse disfrutando de las maravillas del mundo en lugares diferentes desde el ecuador. Con mi hermana en el norte y mis padres en el sur, por fin me he de dar el lujo de estar solo. Aunque no es siempre un lujo, las responsabilidades delegadas de forma súbita le restan diversión a la soledad. Practicamente le restan las ganas as uno de estar solo y le incrementan las de viajar a otro lado, sentimiento que no había aflorado hasta mi primera noche de soledad.

Cierto es que la costumbre es una seria limitante de la libertad. Mientras, en teoría, podría festejar todos los días como un adolescente desesperado por libertinaje cuando la autoridad desaparece la realidad es otra. Poco sabe mi madre lo que acaba de cometer con su pequeño viaje a suramérica; me ha implantado esa necesidad por responsabilizzarme de algo que no es mío siquiera: la casa que me alberga.

Madrugar para alimetar a los perros, fungir como jefe de la mucama, estar pendiente del órden en el hogar... todo eso es fastidioso en diferentes grados. En realidad, no es tan molesto cumplir dichas tareas pero.. ¿madrugar? Esa sí ha sido una orden que, en tan corto tiempo, me ha matado. No es funesta la función del madrugar, los perros deben ser alimentados pero esos animales ingratos se han convertido, de repente, en la carga que fui alguna vez para mi madre; ahora no puedo salir por el simple hecho de no haber alimentado a los perros. Nuevamente, mi progenitoria, con pleno desconocimiento, me ha hecho ver la ironía de la vida en tan solo dos días (tarea que trató de cumplir en 20 años...).

Uno de los aspectos de la soledad que más atención mía ha captado es el pasar la noche total y absolutamente solo. No logro pasar un sólo día en compañía nada más que la propia y ya no me soporto. Trato de distraerme para no inmiscuirme en tantos pensamientos que nadie reprime. En tres noches caigo en cuenta de lo extraño que uno realmente es. No culpo a la mayoría de profetas por haber hablado o creído hablar con Dios. Tanto tiempo en soledad bajo las olas de calor deben generar efectos indescriptibles.

Nsaturalmente, el humano no logra escapar de su naturaleza social. Claro que la habilidad para actuar bajo sus normas es un asunto discutible. Habrá ya alguna ocasión en la que mis palabras sirvan de ejemplo de este último concepto mas el sueño es poderoso y mi cuerpo pide descanso. Si no cedo ante dicha necesidad podría estar cediendo a la locura.

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