Me he sometido a una tarea sin precedentes personales; me he cuestionado sobre el impacto de la personalidad sobre los acontecimientos de nuestras propias historias. En otras palabras, indagué sobre la influencia que ejerce nuestra personalidad en nuestras vidas. A continuación se expone el resultado de dicha investigación.
Como comienzo, es bueno recalcar que la investigación realizada no es de considerarse científica. No obstante no sobra decir que las conclusiones que de ella se sacan son de mayor beneficio que una bien elaborada reseña científica.
El mundo es de los feos, manejado por los feos, y dirigido hacia los feos. Al utilizar la palabra “feo” no se hace referencia a algo de carácter negativo. En realidad, el positivismo se resalta en esta redacción. Aunque, claro, es positivismo desde la perspectiva del feo.
La justificación es sencilla mas de amplia contextualización. El lector debe hacer referencia a su pasado y someter a crítica las siguientes palabras en relación con su vida desde infante. Primero, debe cuestionarse sobre si los demás lo han considerado feo o no. Luego es de cuestionarse si se ha sentido feo de pequeño. Si su respuesta lo lleva a concluir que usted ha sido siempre una persona de atractivo físico la vida ha sido amable con usted y le ha privado de un carácter sólido. En pocas palabras, usted es meramente una imagen más que una persona para los demás. Por el contrario, si su merced se ha considerado feo o fea desde su infancia hasta el presente, usted es visto o vista como una persona más que como una imagen. No obstante, las demás personas nunca se le han acercado como primera opción en una situación en la que se requiera de compañía mutua. En otras palabras sus amistades podrían ser sólidas pero, en primera instancia, usted ha sido “plato de segunda mesa”. Mas esto no ha de entristecerle; sus amigos probablemente fueron de segunda mano para usted también.
El feo, o el que se perciba como alguien feo, debe utilizar fuentes diversas para sobresalir en el ámbito social… sobre todo durante la adolescencia. Así es como muchas personas cultivan su intelecto, su humor o su carisma para poder amoldarse a contextos sociales. Pero poco saben sobre la utilidad que tendrá esto en sus futuros. Mientras la persona apuesta no tiene la necesidad de forjar su carácter más que su físico, se encuentra en un limbo surreal donde las cosas le afectan poco durante su adolescencia y mucho durante su adultez. Así es como las personas atractivas tienen dos opciones, o forjar su carácter en un periodo tardío o seguir cultivando su físico. Muchos actores hollywoodenses prefieren llevar a cabo la segunda opción. Esto no quiere decir que toda persona apuesta tienda al fracaso ni que toda persona fea tienda al éxito, pero el hecho de que la mayoría de presidentes de repúblicas, escritores y demás personajes históricos no sobresaliesen por su físico deja mucho que decir. Actualmente puede darse un vistazo a las mega corporaciones y sus dueños. Pocos de ellos fueron personas seguras en su infancia (esto asumiendo que no han heredado su reino empresarial de su poco atractivo padre).
En el mundo de la opulencia, el titiritero tiene aspecto caracterizado por la fealdad mas el títere ha menester de apariencia atractiva. El que maneja a los bellos modelos fue alguna vez un inteligente niño feo.
Podría darse el caso que exista alguien exitoso que nunca haya sido feo en su vida, pero hay que profundizar en sus años de desarrollo; podría ser que él o ella se haya percibido como una persona fea y se haya visto forzada nutrir sus atributos carismáticos. Igualmente existen quienes son peores de feos que al ano de un mono pero, en su propio mundo, es la persona más codiciada jamás. De no ser por una herencia dichosa, dicho personaje no hallara fácilmente el éxito. Entonces no queda de más decir que el mundo es de los feos.
11 abr 2010
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