Han pasado años desde que el catolicismo ha perdido su poder sobre la mayoría de los pensadores decentes. Esto se debe, en parte, a la evolución de la filosofía popular a través de los años y, en otra parte, al pecado pedofílico que tanto ha caracterizado al sacerdocio en los últimos años. Incluso los seguidores del catolicismo tienen su propia versión de dicha doctrina. Ser católico es adaptar la religión a sus creencias personales.
Sin juzgar a nadie, puesto que todos tenemos nuestro grado de religiosidad ante lo que nos parece correcto o hacia lo que nos genera placer, pareciera que el pecado está entre nosotros. Mas no hemos de preocuparnos, el pecador, en el grado más inocente, no es más que un niño deseoso de experimentar el mundo bajo sus propios términos. Es entonces cuando el pecado nos otorga un grado amplio de libertad.
Según el concepto católico, es pecado todo lo que la iglesia halle mal o "en contra de Dios". Así es como podemos concebir el pecado como una rebeldía ante las normas religiosas; un alto rango de libertad.
Recibimos, según las sagradas escrituras (sagradas para algunos, blasfemia para otros), el libre albedrío. Y, aunque pocos conocen el verdadero significado de albedrío, lo consideran sagrado puesto que lo otorga el sacratísimo ente Creador de todo. Hay quienes atesoran tanto ese regalo que deciden imponer el propio sobre el de otros de forma tal que nadie atente contra el mismo. En otras palabras, al atesorar tanto la libertad, terminan quitándole libertad a otros. Es entonces cuando aquel que, haciendo bien, reclama su albedrío usurpado es llamado "pecador" y blasfemo y, por ende, poco merecedor de un reino cuyo rey pareciera estar muy cómodo con la situación.
En algún momento durante la evolución del "sapiens", la libertad se convirtió en pecado lo que conllevó a la culpa y al juicio. Aunque, en la actualidad, existan quienes se autodenominan buscadores de la santidad cual si fuere un título de nobleza, todavía existen quienes sienten superioridad alguna sobre los "santos" al ser libres pecadores. Siendo ambos seres, en su mayor parte, fácil objeto de burla, expreso mayor simpatía por el segundo grupo. Esto sea gracias a que el pecador es menos juez de lo que es burlista; el primer grupo está sencillamente perdido en sí mismo de forma narcisista puesto que tienen autoreservado sus puestos en el reino de alguien a quien no conocen del todo.
Lo cierto es que aquellos que han sido llamados pecadores han de enorgullecerse de serlo puesto que su entendimiento del mundo es caracterizado por la humildad en comparación a aquellos corderos que conocen un sólo camino por miedo a explorar otros. Así le digo al lector lo siguiente. ¡Que viva el sano pecado y que el infierno sea una mentira, de lo contrario, nos veremos ahí en nuestra muerte!
19 jul 2010
14 jul 2010
4 jul 2010
La política
"Hasta la victoria siempre." Alguien alguna vez dijo eso en algún momento determinado. Con toda honestidad, a pesar de saber que dicho personaje era partidario del comunismo, no tengo la más mínima idea de quién fue. El motivo por el cual muestro tanto desinterés en el tema es simple: no soy comunista.
Bien, la redacción presente no pretende enaltecer el sistema capitalista ni los partidos políticos que lo propician; sencillamente no hay interés de mi parte en ahondar en el tema (si es que se dice así). La intención es la de mostrar la opinión del autor sobre la fe política que se expresa irracionalmente en las calles apoyando ideas no del todo procesadas.
Por alguna extraña razón, quien posea las características de ser joven y universitario aparenta tener mayor propensión a ideologías comunistas, socialistas, marxistas, bolchevistas y ateas. ¿Porqué? No creo que haya explicación otra que la de una necesidad innata de formar parte de alguna "revolución", un poder decir "hice algo por cambiar el mundo" y cosas por el estilo. Bien podría ser otra la explicación mas la mía es tan racional como el panfleto del Manifesto Comunista o el libro de El Capital pudiesen ser fuente de inspiración para inocentes; solamente que de una forma peor redactada.
Karl Marx y asociados no merecen tanta crítica como aquellos que luchan por sus palabras sin saber realmente de qué tratan. En la mayoría de las ocasiones, la cruda realidad de muchos "comunistas" se define como una necesidad de queja hacia algo o alguien. Es entonces donde cualquier figura de autoridad se convierte en objeto de su aquejamiento y pierde respeto (ya sea que merezca perderlo o no) porque Perico Los Palotes quiere reclamar sobre algo y no sabe sobre qué. Mi justificación no es compleja. No hay eventos universitarios políticos donde no haya una sola queja.
Comprendo que todo sistema tiene una semilla que germina en mala hierba y corroe el mecanismo político de cualquier institución o gobierno. Mas las quejas y protestas no hacen mayor cosa que "crear consciencia" en las personas, en cuyos casos dicha "consciencia" ya estaba previamente "creada" para ser exaltada por publicidad protestante de jóvenes liderados por quejumbrosos.
Indiferentemente del tema, las huelgas siempre manifiestan una inconformidad heurística ante un sistema cuya mejora no ve la luz. Esta voz apasionada es usualmente apaciguable por medio de información; muchas de las veces hay un muy buen motivo por el cual las cosas no funcionan como deberían, y no necesariamente incluyen la corrupción política... manejar una institución o gobierno no es una cosa sencilla.
Con esto no caigo a favor de aquellos políticos que se escusan en la mediocridad del sistema para no hacer nada por mejorarle; ellos pecan de igual manera que los que se quejan por quejarse, según mi parecer. No obstante, mis felicidades son para aquellos que, metidos en un mundo caótico como lo es el solucionar conflictos internacionales o nacionales, tienen la disposición de hacer algo por alivianar los problemas en los que están inmiscuidos independientemente si alguien le critique o no.
Bien, la redacción presente no pretende enaltecer el sistema capitalista ni los partidos políticos que lo propician; sencillamente no hay interés de mi parte en ahondar en el tema (si es que se dice así). La intención es la de mostrar la opinión del autor sobre la fe política que se expresa irracionalmente en las calles apoyando ideas no del todo procesadas.
Por alguna extraña razón, quien posea las características de ser joven y universitario aparenta tener mayor propensión a ideologías comunistas, socialistas, marxistas, bolchevistas y ateas. ¿Porqué? No creo que haya explicación otra que la de una necesidad innata de formar parte de alguna "revolución", un poder decir "hice algo por cambiar el mundo" y cosas por el estilo. Bien podría ser otra la explicación mas la mía es tan racional como el panfleto del Manifesto Comunista o el libro de El Capital pudiesen ser fuente de inspiración para inocentes; solamente que de una forma peor redactada.
Karl Marx y asociados no merecen tanta crítica como aquellos que luchan por sus palabras sin saber realmente de qué tratan. En la mayoría de las ocasiones, la cruda realidad de muchos "comunistas" se define como una necesidad de queja hacia algo o alguien. Es entonces donde cualquier figura de autoridad se convierte en objeto de su aquejamiento y pierde respeto (ya sea que merezca perderlo o no) porque Perico Los Palotes quiere reclamar sobre algo y no sabe sobre qué. Mi justificación no es compleja. No hay eventos universitarios políticos donde no haya una sola queja.
Comprendo que todo sistema tiene una semilla que germina en mala hierba y corroe el mecanismo político de cualquier institución o gobierno. Mas las quejas y protestas no hacen mayor cosa que "crear consciencia" en las personas, en cuyos casos dicha "consciencia" ya estaba previamente "creada" para ser exaltada por publicidad protestante de jóvenes liderados por quejumbrosos.
Indiferentemente del tema, las huelgas siempre manifiestan una inconformidad heurística ante un sistema cuya mejora no ve la luz. Esta voz apasionada es usualmente apaciguable por medio de información; muchas de las veces hay un muy buen motivo por el cual las cosas no funcionan como deberían, y no necesariamente incluyen la corrupción política... manejar una institución o gobierno no es una cosa sencilla.
Con esto no caigo a favor de aquellos políticos que se escusan en la mediocridad del sistema para no hacer nada por mejorarle; ellos pecan de igual manera que los que se quejan por quejarse, según mi parecer. No obstante, mis felicidades son para aquellos que, metidos en un mundo caótico como lo es el solucionar conflictos internacionales o nacionales, tienen la disposición de hacer algo por alivianar los problemas en los que están inmiscuidos independientemente si alguien le critique o no.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
