Una sola mirada hacia el colorido cartel que insulta mi belleza (evidentemente esta oración tiene un sentido figurado) basta para pensar en la idiocia expansiva que toma lugar en los últimos días del ciclo de Gregorio (calenadrio gregoriano.... o sea fin de año). Grandes oleadas de gente entrando y saliendo de los establecimientos comerciales como si fuese a acabarse aquello que en realidad nadie ocupa. Toda esta algarabía pareciera más una gran fiesta en la que los comerciantes salen beneficiados.
En cada anuncio televisivo se ve ese gordo raro que se ríe por nada y somete como chinos (sin intenciones ofensivas hacia esta gente asiática) a unos enanos que no reciben ni pizca de aguinaldo ni oportunidad alguna de pasarla con sus familias. Por dicha este panzón no es más que un producto imaginativo de algún personaje extraño que tiene alguna obsesión excéntrica sobre la navidad. O bien pudiese tratarse de alguna mente comunista que gustara de la imagen de Karl Marx y enviara el mensaje de repartir los bienes entre todos como este último querrían que fueran las cosas; claro que sin la Coca Cola y demás empresas utilizando su imagen con fines lucrativos.
Es cuestión de observar para comprender que la navidad no es nada más que un concepto compartido para excusar el egoísmo producto de una vanidad creciente alimentada por los medios publicitarios (no que tenga nada contra ellos... me encanta el esfuerzo de estos por vender cosas inútiles). Yo se que suena algo irónico debido a la teoría que las cosas son opuestas a ello: que la navidad se trata de regar dinero indiscriminadamente para otorgar a la gente un obsequio, mas esto se da con la condición oculta de recibir otro regalo a cambio. Quien contrarie tal declaración piense en una situación en la que se esforzaron en regalar a alguien querido algo en navidad y no recibieron nada a cambio. Es como limpiar con la lengua los zapatos del maestro y oler sus pedos para recibir unas medias siendo uno un niño. No niego que exista alguien que realmente no le interese recibir nada a cambio pero me consuela pensar en que tal personaje fue asesinado de manera cruenta hace más de dos mil años... no fue un buen final.
Curiosamente es sobre ese personaje del que se trata toda esta obra teatral a la que titulan Navidad. Evidentemente la idea ha tomado otros rumbos. Claro está que no hace falta la celebración de la navidad, pero uno debe dar para recibir así que envío mis mejores deseos en estas fiestas para aquellos que se cuestionen el punto de todo el afán de comprar compulsivamente cuando pudiesen ahorrarse ese dinero en algún viaje de vacaciones o bien, con las intenciones de ahorrar por verdadero próspero año nuevo.
Y antes de despedirme quiero recalcar ese último punto; para tener prosperidad (por lo menos económicamente) en año nuevo no vendría mal ahorrarse los aguinaldos.
Felices Fiestas.
25 dic 2009
7 dic 2009
... felices por siempre...
Sólo un niño entiende el mundo de manera tan sencilla. La felicidad y la eternidad se reducen a conceptos nimios como el final de un cuento ¿porqué no habría de existir un "felices por siempre"? Creo tener una respuesta a tal pregunta.
El misterio de esta frase concluyente reside en el hecho de abolir la posibilidad de "vivir juntos por siempre". En efecto, los cuentos que se resuelvan en un "juntos y felices por siempre" son poco escuchados. Usualmente se dice una de ambas cosas "felices" o "juntos"; nunca ambos.
Pues bien, es de inferirse que en los relatos infantiles se señalan la convivencia y la felicidad como incompatibles en la práctica, aunque en la teoría se han dicho muchas cosas. Es claro el mandato de ser infelizmente casado en la mayoría de nuestras religiones.
Cualquiera podría contrariar dichas palabras alegando ser felizmente casado. A quien utilice tal sofisma le felicito; conoce otro concepto de matrimonio o bien es lo suficientemente creativo como para poder mantener su felicidad a flote a lo largo de su condena. No obstante es necesario recalcar el siguiente fenómeno:
Tanto en la iglesia (cristiania, judía, musulmana, etc. [Aunque no toda religión adopte el término "iglesia"]) como en el estado es necesario firmar un contrato donde se evidencie la "voluntad" de ambos individuos a cumplir con los requisitos de la institución marital. Entrecomillo la palabra voluntad por la sencilla razón de que, si bien el término implica la libertad de escogencia de las acciones del individuo o grupo y, por tanto podría decirse que genera cierto grado de felicidad, el mismo hecho de tener que firmar un contrato pone en seria duda la buena voluntad del individuo de seguir los rubros establecidos del mismo contrato.
Por tanto, adoptar el concepto de felicidad eterna excluye la posibilidad del matrimonio o cualquier institución o contrato parecido.
Es obvia la presencia del dicho fenómeno cuando el niño, al decir que en su vida será feliz y hará lo que le venga en gana, aprovechando el libre albedrío que en Las Santas Escrituras se le otorga al ser humano, la respuesta de la madre típica (que hasta ahora ha ido desapareciendo) es un mandato a casarse. Esto si la madre posee la suficiente condescendencia de advertir al niño sobre los mandatos que su posible y futura esposa le impondrá.
En conclusión, la convivencia pareciera no tolerar la felicidad en su seno pero ¿quién tolera al otro en su seno?
El misterio de esta frase concluyente reside en el hecho de abolir la posibilidad de "vivir juntos por siempre". En efecto, los cuentos que se resuelvan en un "juntos y felices por siempre" son poco escuchados. Usualmente se dice una de ambas cosas "felices" o "juntos"; nunca ambos.
Pues bien, es de inferirse que en los relatos infantiles se señalan la convivencia y la felicidad como incompatibles en la práctica, aunque en la teoría se han dicho muchas cosas. Es claro el mandato de ser infelizmente casado en la mayoría de nuestras religiones.
Cualquiera podría contrariar dichas palabras alegando ser felizmente casado. A quien utilice tal sofisma le felicito; conoce otro concepto de matrimonio o bien es lo suficientemente creativo como para poder mantener su felicidad a flote a lo largo de su condena. No obstante es necesario recalcar el siguiente fenómeno:
Tanto en la iglesia (cristiania, judía, musulmana, etc. [Aunque no toda religión adopte el término "iglesia"]) como en el estado es necesario firmar un contrato donde se evidencie la "voluntad" de ambos individuos a cumplir con los requisitos de la institución marital. Entrecomillo la palabra voluntad por la sencilla razón de que, si bien el término implica la libertad de escogencia de las acciones del individuo o grupo y, por tanto podría decirse que genera cierto grado de felicidad, el mismo hecho de tener que firmar un contrato pone en seria duda la buena voluntad del individuo de seguir los rubros establecidos del mismo contrato.
Por tanto, adoptar el concepto de felicidad eterna excluye la posibilidad del matrimonio o cualquier institución o contrato parecido.
Es obvia la presencia del dicho fenómeno cuando el niño, al decir que en su vida será feliz y hará lo que le venga en gana, aprovechando el libre albedrío que en Las Santas Escrituras se le otorga al ser humano, la respuesta de la madre típica (que hasta ahora ha ido desapareciendo) es un mandato a casarse. Esto si la madre posee la suficiente condescendencia de advertir al niño sobre los mandatos que su posible y futura esposa le impondrá.
En conclusión, la convivencia pareciera no tolerar la felicidad en su seno pero ¿quién tolera al otro en su seno?
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