25 dic 2009

Feliz Vanidad

Una sola mirada hacia el colorido cartel que insulta mi belleza (evidentemente esta oración tiene un sentido figurado) basta para pensar en la idiocia expansiva que toma lugar en los últimos días del ciclo de Gregorio (calenadrio gregoriano.... o sea fin de año). Grandes oleadas de gente entrando y saliendo de los establecimientos comerciales como si fuese a acabarse aquello que en realidad nadie ocupa. Toda esta algarabía pareciera más una gran fiesta en la que los comerciantes salen beneficiados.

En cada anuncio televisivo se ve ese gordo raro que se ríe por nada y somete como chinos (sin intenciones ofensivas hacia esta gente asiática) a unos enanos que no reciben ni pizca de aguinaldo ni oportunidad alguna de pasarla con sus familias. Por dicha este panzón no es más que un producto imaginativo de algún personaje extraño que tiene alguna obsesión excéntrica sobre la navidad. O bien pudiese tratarse de alguna mente comunista que gustara de la imagen de Karl Marx y enviara el mensaje de repartir los bienes entre todos como este último querrían que fueran las cosas; claro que sin la Coca Cola y demás empresas utilizando su imagen con fines lucrativos.

Es cuestión de observar para comprender que la navidad no es nada más que un concepto compartido para excusar el egoísmo producto de una vanidad creciente alimentada por los medios publicitarios (no que tenga nada contra ellos... me encanta el esfuerzo de estos por vender cosas inútiles). Yo se que suena algo irónico debido a la teoría que las cosas son opuestas a ello: que la navidad se trata de regar dinero indiscriminadamente para otorgar a la gente un obsequio, mas esto se da con la condición oculta de recibir otro regalo a cambio. Quien contrarie tal declaración piense en una situación en la que se esforzaron en regalar a alguien querido algo en navidad y no recibieron nada a cambio. Es como limpiar con la lengua los zapatos del maestro y oler sus pedos para recibir unas medias siendo uno un niño. No niego que exista alguien que realmente no le interese recibir nada a cambio pero me consuela pensar en que tal personaje fue asesinado de manera cruenta hace más de dos mil años... no fue un buen final.

Curiosamente es sobre ese personaje del que se trata toda esta obra teatral a la que titulan Navidad. Evidentemente la idea ha tomado otros rumbos. Claro está que no hace falta la celebración de la navidad, pero uno debe dar para recibir así que envío mis mejores deseos en estas fiestas para aquellos que se cuestionen el punto de todo el afán de comprar compulsivamente cuando pudiesen ahorrarse ese dinero en algún viaje de vacaciones o bien, con las intenciones de ahorrar por verdadero próspero año nuevo.

Y antes de despedirme quiero recalcar ese último punto; para tener prosperidad (por lo menos económicamente) en año nuevo no vendría mal ahorrarse los aguinaldos.
Felices Fiestas.

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