5 oct 2010

La noche del 23

Él, tan elegante, siempre hablaba con prestancia cuando trataba de temas intelectuales: siempre sin dejar de lado el humor característico de un cínico que capta el cuadro completo de cada situación desde lejos. Sus expresiones eran poco acostumbradas de un uomo cuya edad no rebasa los treinta y cinco; le caracterizaba la verborrea. Siendo el centro de atención de la mayoría de los eventos a los que asistía, no fue sorpresa cuando le dispararon directo al cráneo: quien fuese el francotirador tuvo un trabajo sencillo.

La noche del veintitrés de mayo quedará grabada en mi memoria hasta que la muerte cobre mis deudas. Ello no solamente por el hecho que asesinaran a Víctor Nuñez, el amante de mi padre, sino porque esa misma velada fue la testigo de mi mayor crimen.
Sé que, con lo anteriormente dicho, el lector asumirá naturalmente que fui yo el francotirador que disparó al cráneo de mi padrastro mas no ha de caerse en suposiciones apresuradas; por lo menos no sin antes escuchar mi versión de los hechos.

El día anterior a la velada Irene, mi madre, me había visitado temprano. Siempre acostumbramos tomar un café la última semana de cada mes con el propósito de someter a discusión diversos temas relacionados a los acontecimientos de nuestras vidas. Ese día, tocamos el tema de la excentricidad de mi padre pues siempre ha sido un personaje particular, sobre todo después de su confesada orientación homosexual. Irene y yo nos deleitamos argumentando sobre las desgracias que la separación le trajo a ella. Me mencionó cómo había ya deseado varias veces la muerte de Ernesto mas siempre concluía admitiendo sus faltas de agallas para hacerlo. Antes de terminar la charla me admitió que tenía que finiquitar unos asuntos pendientes; no podía pasar el día sin hacerlo… nunca dijo de qué se trataba. Sin embargo, en el momento tenía yo otras preocupaciones de las que no podía prescindir.

Horas más tarde me reuní con uno de mis acreedores para, al final de la actividad, quedar aún más endeudado de lo que me encontraba antes de haberme reunido. Recuerdo cómo le maldije al salir y me encaminé hacia el bar. Me esperaba Giaccomo Rossini, un tipo cuyo nombre delata su descendencia étnica y el cual, en el contexto relatado, bien puede presumirse como un uomo di famiglia. Me sorprendió notar un tono de ironía en su voz cuando me llamó su “mejor hombre”. En ese lugar, lleno de almas que no conocen la sobriedad, el humo que salía de las bocas de los facinerosos parecía ahogar mis pensamientos. Tenía que salir de aquel lugar, pero Rossini no es un tipo al que se le escapa fácilmente; tenía un trabajo para mí. Antes de proceder a narrar el evento sucesivo se hace menester resaltar que yo nunca había disparado un arma ni ostentaba hacerlo. Tampoco se puede decir de mí que aspirase a un puesto de reputación despreciable mas el acontecimiento siguiente representa la línea entre lo que no quería hacer y lo que me he visto obligado a hacer. Mi primo, Alberto, entra al lugar y comienza a disparar indiscriminadamente. Mientras todos intentábamos cubrirnos, algunos en vano, un hombre de Rossini me entregó una Colt SCW gris, para defenderme. En el momento mis pensamientos giraban en torno a la duda del lugar de procedencia del arma, no obstante el tiempo no era un elemento que permitiera la formulación de hipótesis. Entonces traté de agarrar el rifle con una mano mientras con la otra cubría mi cabeza. Evidentemente fue un intento fallido puesto que no contaba con el peso del aparato. Al utilizar ambas manos para sujetar el artefacto situé mi dedo sobre el gatillo y disparé sin ver hacia dónde apuntaba. La bala salió proyectada hacia la garganta ahora sangrante de Alberto. La imagen de mi primo cayendo al suelo ensangrentado, viéndome directamente a los ojos, quedará perenne en mi memoria.

El hombre de Rossini me levantó de la camisa y con un beso en el cachete me manifestó su alegría de haberme entregado el disparador. Estólido, dirigí mi mirada hacia Rossini quien no se molestó en devolverme la mirada; hablaba con uno de los suyos quien se acercó a mí y me llevó a la bodega. Francesco Protti era el nombre del sottocapo que preguntaba por mi experiencia con armas en aquel oscuro lugar. Con un poco más de ánimo le respondí a su pregunta.

-De ahora en adelante, no puede usted andar solo por las calles.- me decía con voz frívola y despreocupada. –Si no cuenta usted con nosotros quedará como culpable del homicidio y secuaz mío. La justicia le va a buscar y no podemos jugarnos el chance de tenerlo suelto por ahí contando la situación e incriminarnos. ¿Entiende la situación?- Creo haber asentido con la cabeza mientras le pregunté -¿conocía a Alberto?- Francesco asintió. Al tiempo que volvíamos a la parte principal del bar me relataba que hacía tiempo mi familiar le debía dinero a Rossini por un asunto que no me detalló. Aparentemente ese fue su intento por escapar de sus deudas. Ahora yo era quien defendió el manchado nombre de Giacomo. Fue entonces cuando, después de unas pruebas violentas de mi lealtad al italiano hijo de puta, me dejaron salir del lugar habiendo yo dado mis datos para ser contactado en cualquier momento para laborar como un tipo de sicario.

Inmediatamente después del bélico acontecimiento, me dirigí donde mi padre. La conciencia se convirtió en mi verdugo y quería descargar mis débiles sentimientos con el hombre que me enseñó de honestidad y decencia. Al llegar a su habitación, fui recibido por Karla, mi tía. No era usual que atendiera ella la puerta pero no me preocupaba porque parecía haberse tomado las pastillas contra los brotes esquizofrénicos, a la vez me sentía intranquilo sabiendo el paradero de su difunto hijo, quien me convirtió en el autor de su propio asesinato. Ernesto me recibió en la cocina con su típica sonrisa satisfactoria; recuerdo haber visto esa sonrisa todos los jueves por la mañana puesto que el día anterior siempre pasaba la noche con Víctor. –Está en el cuarto.- me respondió con el desdén que siempre guardaba para mí, hacia el cual desarrollé cierta inmunidad e indiferencia. Víctor estaba acostado en su cama, leyendo sus novelas criminales, como lo esperado. Al verme saltó alegre y me abrazó rozando sus bíceps inhumanos contra mis escuálidos hombros. Le comenté que me sentía prisionero del miedo y, sin preguntarme por qué, comenzó un discurso en el cual citaba a varios poetas cuyos versos lograron el objetivo de Víctor: tranquilizarme. Le pregunté sobre su actual actividad; me contestó que estaba haciendo los preparativos para la celebración más importante de su vida. Lastimosamente no reveló cuál era; había organizado toda la actividad para dar una importante noticia. Debía esperar hasta esa noche para saber. El resto del día se torna borroso; sólo recuerdo haber pasado en vela meditando sobre lo acontecido.
La mañana del veintitrés de mayo comenzó con el abrupto llanto de mi madre frente mi jardín. Corrí hacia ella semidesnudo y quise indagar sobre el motivo de su llanto. Al escuchar su respuesta sentí cómo mi espalda se convirtió en la trasmisora del glaciar sentimiento de miedo que nunca nadie que no esté en mi situación podrá sentir. El cuerpo de Alberto, partido a la mitad y guindando en su ropero contenía una nota suicida dirigida a ella.

Le serví un té para calmar su nerviosismo e intentando esconder el mío. No podía concentrar mi atención en su narración; sólo podía imaginar el cuerpo del Alberto viendo hacia mi madre; una mirada vacía queriendo confesarle mi pecado. A la vez me invadían las preguntas imparables. Desde entonces logro entender la expresión “pensamientos que revolotean y pican como abejas en un panal”. “¿Quién puso el cuerpo ahí?, ¿Porqué a mi madre?, ¿Porqué cortado a la mitad?, ¿Será una broma?”. Mi madre juró que Dios se vengaría del psicópata inhumano que haya realizado ese acto tan cínico. Lo que desconocía ella es que hay más de un culpable: uno que lo asesinó y otro u otros que pusieron su cuerpo abierto en su ropero. Decidió llamar a la policía y esperar hasta después de la fiesta de Víctor para contarle a Karla y a Ernesto.

Luego de la escueta conversación se marchó con desánimo y con una mirada ilegible en su rostro. Aproveché entonces para encaminarme hacia el lugar de la muerte de mi familiar. Cuando pregunté por Rossini me comentan que me había estado esperando.
-¿Porqué?- fue lo único que pude decir cuando lo vi sentado en la cocina del bar con la Colt SCW manchada y un papel en la mano.
-Supe lo de tu primo y te juro que no tuve que ver con el asunto.- Me recibió -Ahora, no es tiempo de meditar ni llorar: te necesito. Hay un tipo que me está causando problemas y ocupo ponerlo a dormir. Aparentemente conoces a este uomo.- Añadió. -¿De quién se trata?- respondí dubitativo.

-Se trata de alguien que tiene otra famiglia, en la zona. Y uno tiene que proteger a los suyos. Desconozco el aspecto de este uomo de nombre Ernesto Valencia Martínez- dijo sin dudar. Al oír el nombre de mi padre quedé perplejo. Se me pedía que diera información de dónde se situaría esa noche. Respondí. Pero no pude acertar con el momento exacto en el que estaría al ojo público.

Posteriormente, en la celebración del motivo todavía desconocido, mi padre iba a introducir a su amante para dar el discurso. Ése era el momento exacto en el que había dado la orden para que dispararan. Algo salió mal.
Ahora el motivo de la celebración se convirtió en la asistencia de la muerte del que realmente fue mi padre.

Hoy, años más tarde supe lo que sucedió. El italiano me comentó todo lo que había pasado esa noche.El francotirador que disparó en la sien a Víctor, se llama Irene Martínez quien, habiendo creído que el ahora difunto había sido el autor del homicidio de Alberto, cobró vana venganza de él. La nota de suicidio había sido firmada con la letra de Víctor mas era una auténtica falsificación de mi padre. Que quiso enloquecer a mi madre… él sabía que ella trabajaba para Rossini. El hombre a quien desprecio utilizó a su pareja como carnada para no recibir el tiro. Ahora está tras los hombres de Rossini, incluyéndome. La noche del veintitrés me convertí a la omertá de Rossini, el enemigo de mi padre.

15 sept 2010

Ilógica filosófica

De psicología al psicologismo
no hay lógica detrás del silogismo
del sofisma filosófico y el aformismo
que explica filosofías de uno mismo.

Hay que sentarse a preguntar
sin lugar al meditar.

La mayéutica socrática
y la retórica aristotélica
dan a la dialéctica platónica
una idea cínica de discusiones lógicas.

Aunque con tonalidad jónica
la gracia está en la moralidad dórica.
Y de arquitecura poética a la gótica
existe una diferencia heurística.

No hay que ponerse a curiosear
sobre el proceder del procrear.

Entre el sionismo y nacionalsocialismo
hay un politiquismo diferencial.
Y el poder de uno mismo
está en que todos y nadie es especial.
Concepciones neuróticas
de un mundo de conducta patológica.
Y la opinión pública
usualmente es una estrategia económica.

La terapia psicoanalista
de un autor un sexista
resulta como mecánica machista,
para empoderar a la histérica feminista.

Y hay un cálculo diferencial
entre lo que está bien y lo que está mal.

30 ago 2010

La mejor mentira

Lo que la experiencia dicta contradice, en muchos casos, las enseñanzas de nuestros progenitores. Sea dicho esto con toda franqueza: la honestidad no es la mejor política. A pesar de habernos formado en familias cuyo culto es dirigido hacia la verdad dictada por los demás, no sería mentira decir que nuestros padres no han sido francos con nosotros en todo el curso de tiempo que nos han visto crecer.

Para nadie es desconocido el hecho de que, al decir las cosas con total veracidad, los resultados no siempre funcionan ni a nuestro favor ni al de nadie más. Con esto no se implica que haya problema alguno con respecto a la elección entre verdad y mentira como herramienta de resolución de conflicto, pero ha de admitirse que si decimos que “la verdad es la mejor política” estaríamos realizando una afirmación semánticamente contradictoria puesto que es poco sabido que algún político utilice la verdad en sus demagógicos discursos.

Esta es la razón por la cual se hace deducible que el mentir es el valor principal de la resolución de nuestros conflictos; de todas formas la verdad es desconocida hasta para el mentiroso mismo. Tomando como ejemplo las relaciones amorosas (son estas las más ricas en materia de mentira… después del mundo de la política, obviamente.). Una persona nunca le dice la total verdad a su pareja de forma súbita pues sería una situación análoga a una alta concentración de energía liberándose de igual manera causando una explosión nuclear. Los imperfectos, asumiendo que quisiesen ser arreglados, serán regularizados paulatinamente. Es esta la razón por la cual un hombre jamás admite a su pareja que, en efecto, sí siente deseos carnales hacia su amiga; siempre dice sentir un afecto amistoso y agradable hacia la misma. Ello nos lleva a analizar el siguiente aspecto de la verdad como política: ¿qué tanto se puede mentir si se cuenta con la demagogia?

Existe un caso en el cual una madre pregunta a su hijo si ha realizado “la tarea” o no. El hijo responde afirmativamente a pesar que no había hecho la tarea de ese preciso día mas sí la del día anterior: la madre, al no especificar la tarea a la que hacía referencia, recibió una respuesta veraz de su hijo mas no era la afirmación que ella creía haber recibido por parte de su hijo. Es ahí donde entra la incógnita formulada en el párrafo anterior (en este caso utilizo la redacción presente para no redundar en la misma pregunta y contextualizar con mayor facilidad al lector… aunque tenga que leer más de lo que hubiese querido leer desde un principio y el autor tenga que escribir más de lo que hubiese sospechado desde el inicio.) y es que la veracidad de cualquier declaración es de difícil cumplimiento pleno. No es sencillo comprobar la verdad absoluta de nada dado que la premisa más básica requiere de la credibilidad del emisor y la inminente credulidad del receptor. Es de esta forma cómo se explica que el mejor abogado es aquel que conoce a su juez sabiendo que éste adoptará una posición siempre parcial sobre cualquier caso.

Lo cierto es que, aunque se debata en el dominio filosófico, sobre lo que es veraz y lo que es verosímil (que no siempre es lo mismo) y lo que es falacia o no, no hay nada que pueda ser comprobado como cierto. Es la manera como se formen las declaraciones lo que sumará o restará credibilidad a la persona y su discurso.

De manera lógica se asume (apresuradamente) que si lo anteriormente dicho es cierto, entonces no existe la mentira. Por ende, la verdad no es la mejor política; pero la mentira no lo es tampoco. Al sobre pensar estas palabras inevitablemente se caerá en una eterna paradoja que es innecesaria analizar. Por ello, concluye este escrito con la siguiente secuencia lógica sobre verdad, mentira y política:

Si la verdad es la mejor política y la política es conocida como una gran mentira, se asume que la verdad es la mejor mentira.

19 jul 2010

El libre pecado

Han pasado años desde que el catolicismo ha perdido su poder sobre la mayoría de los pensadores decentes. Esto se debe, en parte, a la evolución de la filosofía popular a través de los años y, en otra parte, al pecado pedofílico que tanto ha caracterizado al sacerdocio en los últimos años. Incluso los seguidores del catolicismo tienen su propia versión de dicha doctrina. Ser católico es adaptar la religión a sus creencias personales.

Sin juzgar a nadie, puesto que todos tenemos nuestro grado de religiosidad ante lo que nos parece correcto o hacia lo que nos genera placer, pareciera que el pecado está entre nosotros. Mas no hemos de preocuparnos, el pecador, en el grado más inocente, no es más que un niño deseoso de experimentar el mundo bajo sus propios términos. Es entonces cuando el pecado nos otorga un grado amplio de libertad.

Según el concepto católico, es pecado todo lo que la iglesia halle mal o "en contra de Dios". Así es como podemos concebir el pecado como una rebeldía ante las normas religiosas; un alto rango de libertad.

Recibimos, según las sagradas escrituras (sagradas para algunos, blasfemia para otros), el libre albedrío. Y, aunque pocos conocen el verdadero significado de albedrío, lo consideran sagrado puesto que lo otorga el sacratísimo ente Creador de todo. Hay quienes atesoran tanto ese regalo que deciden imponer el propio sobre el de otros de forma tal que nadie atente contra el mismo. En otras palabras, al atesorar tanto la libertad, terminan quitándole libertad a otros. Es entonces cuando aquel que, haciendo bien, reclama su albedrío usurpado es llamado "pecador" y blasfemo y, por ende, poco merecedor de un reino cuyo rey pareciera estar muy cómodo con la situación.

En algún momento durante la evolución del "sapiens", la libertad se convirtió en pecado lo que conllevó a la culpa y al juicio. Aunque, en la actualidad, existan quienes se autodenominan buscadores de la santidad cual si fuere un título de nobleza, todavía existen quienes sienten superioridad alguna sobre los "santos" al ser libres pecadores. Siendo ambos seres, en su mayor parte, fácil objeto de burla, expreso mayor simpatía por el segundo grupo. Esto sea gracias a que el pecador es menos juez de lo que es burlista; el primer grupo está sencillamente perdido en sí mismo de forma narcisista puesto que tienen autoreservado sus puestos en el reino de alguien a quien no conocen del todo.

Lo cierto es que aquellos que han sido llamados pecadores han de enorgullecerse de serlo puesto que su entendimiento del mundo es caracterizado por la humildad en comparación a aquellos corderos que conocen un sólo camino por miedo a explorar otros. Así le digo al lector lo siguiente. ¡Que viva el sano pecado y que el infierno sea una mentira, de lo contrario, nos veremos ahí en nuestra muerte!

14 jul 2010

4 jul 2010

La política

"Hasta la victoria siempre." Alguien alguna vez dijo eso en algún momento determinado. Con toda honestidad, a pesar de saber que dicho personaje era partidario del comunismo, no tengo la más mínima idea de quién fue. El motivo por el cual muestro tanto desinterés en el tema es simple: no soy comunista.

Bien, la redacción presente no pretende enaltecer el sistema capitalista ni los partidos políticos que lo propician; sencillamente no hay interés de mi parte en ahondar en el tema (si es que se dice así). La intención es la de mostrar la opinión del autor sobre la fe política que se expresa irracionalmente en las calles apoyando ideas no del todo procesadas.

Por alguna extraña razón, quien posea las características de ser joven y universitario aparenta tener mayor propensión a ideologías comunistas, socialistas, marxistas, bolchevistas y ateas. ¿Porqué? No creo que haya explicación otra que la de una necesidad innata de formar parte de alguna "revolución", un poder decir "hice algo por cambiar el mundo" y cosas por el estilo. Bien podría ser otra la explicación mas la mía es tan racional como el panfleto del Manifesto Comunista o el libro de El Capital pudiesen ser fuente de inspiración para inocentes; solamente que de una forma peor redactada.

Karl Marx y asociados no merecen tanta crítica como aquellos que luchan por sus palabras sin saber realmente de qué tratan. En la mayoría de las ocasiones, la cruda realidad de muchos "comunistas" se define como una necesidad de queja hacia algo o alguien. Es entonces donde cualquier figura de autoridad se convierte en objeto de su aquejamiento y pierde respeto (ya sea que merezca perderlo o no) porque Perico Los Palotes quiere reclamar sobre algo y no sabe sobre qué. Mi justificación no es compleja. No hay eventos universitarios políticos donde no haya una sola queja.

Comprendo que todo sistema tiene una semilla que germina en mala hierba y corroe el mecanismo político de cualquier institución o gobierno. Mas las quejas y protestas no hacen mayor cosa que "crear consciencia" en las personas, en cuyos casos dicha "consciencia" ya estaba previamente "creada" para ser exaltada por publicidad protestante de jóvenes liderados por quejumbrosos.

Indiferentemente del tema, las huelgas siempre manifiestan una inconformidad heurística ante un sistema cuya mejora no ve la luz. Esta voz apasionada es usualmente apaciguable por medio de información; muchas de las veces hay un muy buen motivo por el cual las cosas no funcionan como deberían, y no necesariamente incluyen la corrupción política... manejar una institución o gobierno no es una cosa sencilla.

Con esto no caigo a favor de aquellos políticos que se escusan en la mediocridad del sistema para no hacer nada por mejorarle; ellos pecan de igual manera que los que se quejan por quejarse, según mi parecer. No obstante, mis felicidades son para aquellos que, metidos en un mundo caótico como lo es el solucionar conflictos internacionales o nacionales, tienen la disposición de hacer algo por alivianar los problemas en los que están inmiscuidos independientemente si alguien le critique o no.

15 jun 2010

Ensayo sobre algo

En una noche húmeda el ambiente se presta para escribir sobre las sandeces que cruzan la mente de uno. Entre ellas se destaca la notoriedad de lo húmeda que está la noche. Es entonces cuando uno se da cuenta que no está haciendo nada que merezca llamarse "productivo". Sin embargo ya es tarde; la estupidez es inminente.

Las gotas de la ventana son un recordatorio de las tareas no realizadas. Pero no merecen importancia mientras que uno esté algo tranquilo. De todas las reflexiones que han surgido los días lluviosos, la más útil y sabia se condensa en la oración siguiente. Nuestras vidas son como gotas de lluvia.

Pues bien, no ha de tomarse muy en serio la reflexión anterior; es surgida de la vagancia, pero, como oda a la misma, se expondrá el hilo conductor que conllevó a que emergiese tal analogía.

Primeramente, cualquier cosa que se una con la vida de forma análoga sonará lógica sin importar lo idiota que suene al principio. Como ejemplo se debe destacar famosas canciones como "la vida es una cebolla...". ¿Cómo llega a pensar alguien en qué aspecto se parece la vida a una cebolla? Mi respuesta a esa pregunta es sencilla; probablemente la acedia le asediaba y mientras éste no hacía nada por impedirlo observó detenidamente una cebolla, de la misma forma en que uno mira las gotas de lluvia en la ventana, y osó hacer la comparación entre ésta y la vida misma. De esta manera, el hallar semejanzas entre las gotas de lluvia y la vida suena como una idea sólida.

Las gotas de lluvia son la precipitación del agua que se condensa en nuestra atmósfera. Estas son parte del ciclo vital del componente de nuestras vidas. La vida en sí misma, tiene su ciclo, y se transforma cambiando de estado. Eventualmente termina. Pero, mientras finaliza una vida, otra comienza. Así, las decisiones que en ella se tomen nos llevarán a distintos lugares. Eventualmente chocaremos con alguien (otras vidas o gotas) o con algo (una pared, un carro o una ventana [en el peor de los casos]). A pesar de que al principio esta pobre comparación carezca de sentido, en los momentos más tristes o más aburridos de nuestras vidas, hasta las heces malpuestas de nuestras mascotas parecieran tener alguna lógica...

Evidenciando lo inicialmente declarado, en el momento que no se esté haciendo mayor cosa, hay un instante en el que la estupidez es inminente. Pues la mía (la estupidez) se puede traducir como las gotas de lluvia en mi ventana.