En una noche húmeda el ambiente se presta para escribir sobre las sandeces que cruzan la mente de uno. Entre ellas se destaca la notoriedad de lo húmeda que está la noche. Es entonces cuando uno se da cuenta que no está haciendo nada que merezca llamarse "productivo". Sin embargo ya es tarde; la estupidez es inminente.
Las gotas de la ventana son un recordatorio de las tareas no realizadas. Pero no merecen importancia mientras que uno esté algo tranquilo. De todas las reflexiones que han surgido los días lluviosos, la más útil y sabia se condensa en la oración siguiente. Nuestras vidas son como gotas de lluvia.
Pues bien, no ha de tomarse muy en serio la reflexión anterior; es surgida de la vagancia, pero, como oda a la misma, se expondrá el hilo conductor que conllevó a que emergiese tal analogía.
Primeramente, cualquier cosa que se una con la vida de forma análoga sonará lógica sin importar lo idiota que suene al principio. Como ejemplo se debe destacar famosas canciones como "la vida es una cebolla...". ¿Cómo llega a pensar alguien en qué aspecto se parece la vida a una cebolla? Mi respuesta a esa pregunta es sencilla; probablemente la acedia le asediaba y mientras éste no hacía nada por impedirlo observó detenidamente una cebolla, de la misma forma en que uno mira las gotas de lluvia en la ventana, y osó hacer la comparación entre ésta y la vida misma. De esta manera, el hallar semejanzas entre las gotas de lluvia y la vida suena como una idea sólida.
Las gotas de lluvia son la precipitación del agua que se condensa en nuestra atmósfera. Estas son parte del ciclo vital del componente de nuestras vidas. La vida en sí misma, tiene su ciclo, y se transforma cambiando de estado. Eventualmente termina. Pero, mientras finaliza una vida, otra comienza. Así, las decisiones que en ella se tomen nos llevarán a distintos lugares. Eventualmente chocaremos con alguien (otras vidas o gotas) o con algo (una pared, un carro o una ventana [en el peor de los casos]). A pesar de que al principio esta pobre comparación carezca de sentido, en los momentos más tristes o más aburridos de nuestras vidas, hasta las heces malpuestas de nuestras mascotas parecieran tener alguna lógica...
Evidenciando lo inicialmente declarado, en el momento que no se esté haciendo mayor cosa, hay un instante en el que la estupidez es inminente. Pues la mía (la estupidez) se puede traducir como las gotas de lluvia en mi ventana.
15 jun 2010
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