15 feb 2010

Cuento muy muy corto de Kinder Cuarto

En el bullicio de la sala seis, la gente se lanzaba uno sobre otro. Luis discute el mismo derecho que le confiere a su actual ex esposa Martina. La habitación es un caos. El juez pide orden en vano, el jurado discute el problema cual si fuesen adolescentes en clases y Carlos y Enrique discuten sobre el concepto de tal desorden.
Carlos, de 11 años de edad, intenta encontrar palabras que describan la situación para hacer entender a su hermano de 6 años el alboroto. El primero explica que existe la posibilidad de no verse más; o por lo menos no tan seguido como lo hacen actualmente, que es a diario.

-¡Cállese! Eso no es cierto, vamos a vivir con ma’; eso siempre sale en la tele- responde convincentemente el menor.
-Esto no es como en la tele, mae. Créame, las cuestiones acá son mucho más complicadas de lo que salen en la televisión- responde Carlos
Enrique, dudoso, pregunta -¿y cómo es, entonces? ¿Nos vamos con pa’? Ojalá que no, porque él no sabe hacer muy bien la comida. Prefiero a ma’. Ayer me hizo un arroz con pollo muy bueno. Le guardé un poco a mi maestra porque ella me dijo que tenía que llevar algo a la escuela que me gustara de mi casa. Me hubiera llevado a mami, pero ella tiene que trabajar y eso. Entonces…
-Enrique, cállese, por fa’- le interrumpe Carlos intentando prestar atención a lo que acontecía en esa desordenada sala.
Una vez que el juez logró establecer orden nuevamente en la corte se procedió. –Como decía, Señor Juez.- continuó el abogado pagado por Martina- Las leyes costarricenses establecen, como todos los presentes saben, que, en caso de divorcio, la patria potestad es cedida a la parte que muestre mayor habilidad para ejercer el derecho de paternidad. No quiero insinuar que el señor Luis sea inútil en dicha tarea, mas no me abstengo de declarar a favor de mi cliente-
-Mientras le paguen, cara de barro- interrumpió Luis, seguido de las disimuladas risas del jurado
-¡Orden!- Aclara el juez disimulando, también, un leve esbozo de sonrisa ante la ironía de Luis
-Como verá- prosigue el abogado de Martina. –Es claramente el punto que proseguía a exponer antes de ser interrumpido oportunamente por el señor Luis. La conducta impulsiva e irrespetuosa del señor deja mucho de qué hablar. No se puede confiar que enseñe adecuadamente a un infante cuando él mismo presenta actitudes pueriles en situaciones inapropiadas. Además, la profesión de obrero no le da la libertad económica que ofrece la medicina (profesión que Martina, mi cliente, ejerce).
Luis vuelve a interrumpir -Ella es tan buena de doctora como lo es usted de abogado. Con esa calidad de trabajo no le da ni para…-
-¡Orden!- le interrumpe el juez - Señor Luis, no hace un buen trabajo en ganarse la simpatía del jurado ni la mía. Por favor, sea un poco más respetuoso y manténgase en silencio como todos los aquí presentes, incluyendo su ex esposa, lo hacen.-
-¿Ves lo que te digo?- le dirige Martina a Luis –Siempre vos hablando sin escuchar.-
-Vale la pena hacerlo si no te tengo que escuchar…- replica Luis
-Su Señoría- el abogado de Martina interrumpe.

El Juez trata de retomar el orden en vano, de nuevo. El abogado defensor de Luis toma amargamente un trago de agua mientras se lleva la mano a la cara. El jurado, una vez más, discute entre sí la situación.
-¿Ve? ¡Le dije que era como en la tele, Carlos!- Le dice puerilmente Enrique a su hermano mayor.
-Necio… Se parece pero no es igual. Aunque creo que mami sí nos va a llevar, después de todo.- Responde Carlos.
-¡Comida, comida!- grita eufóricamente Enrique mientras el curador trataba de callarlo. Enrique trató de esquivar el brazo del curador que intentaba callarle llevándole la mano a la boca y tropezó llevando la cabeza al piso. El llanto comienza y Carlos hace ademán de consolarle mientras el curador se lo impide tratando él de actuar de consuelo.

La sala entra otra vez en caos, el juez, al igual que el abogado de Luis, y en resignación a no ser escuchado, se lleva suavemente sus manos a su sudada sien. Sus codos se resbalan botando el mazo que tenía al frente. Y en aquél bullicio insoportable, se confundían los niños con adultos.

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