La celebración de la natividad de aquel que volcó la historia de la humanidad se adelanta cuatro días por motivos de lluvia.... de asteroides, claro. Musicalmente viene un asteroide tras otro abriéndose paso mientras los cráteres deforman la cara de La Tierra. Así es como la humanidad entera canta sus villancicos en acordes lúgubres y desesperanzadores. Los gritos de las madres protegiendo a sus bebés esperando la muerte mientras el universo nos recuerda una vez más el poder de la gran nada que nos rodea.
Y, como si fuera una batería, cada cuerpo celeste decadente golpea el suelo al ritmo que el cielo se oscurece. Toda la vida sobre la faz de la gran roca que circula alrededor de la bola de gas desvanece.
Es la bienvenida a "El Niño" Dios....
Y, mientras todo ello acontece, el conserje del edificio más álto del mundo termina de limpiar el sótano; sale del cuarto subterráneo para percatarse de lo vano que su trabajo fue. No queda más para él que una humilde cena navideña al compás del bombardeo.
30 nov 2009
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